06 enero, 2012

Pasiones

"Es de creer que las pasiones dictaron los primeros gestos y que arrancaron las primeras voces..."
Jean-Jacques Rousseau

Ronda la palabra obsesión. Muta en manía. Yo le doy otro empujoncito y digo que puede ser obstinación. Pero no, sigue teniendo ese matiz negativo. Mejor intento con empeño. Me gusta más, sí. De cualquier forma, sostengo que todavía no me identifico. Los más cercanos, aquellos que realmente se han dado a la tarea de entenderme, de dejarse entrar en mí, dicen que es tenacidad, ánimo, perseverancia. Me sonrojo, me halaga. Sigo pensando que hay algo más dando vueltas. A ciertas personas pareciera comerles el coco, los agota, los endeuda con ellos mismos el verme así, tan vehemente. Y me río, ¿qué se supone que haga?
Me parece que encuentro la palabra correcta en pasión. Así sí.
Pasión: apetito.
Si no, cómo explico que, estando en receso de verano, me levanto a las seis y media de la mañana junto con Álvaro (él va a trabajar, supongamos que está más justificada su madrugada), preparo el mate y, luego de su partida al trabajo, me siento en el balcón a matear y leer. Enfrascada en el libro me paso las mañanas enteras hasta que empieza a apretar el calor.
Anoche, hablando con una hermana del alma por teléfono le comento que estoy leyendo una novela de Juan Domingo Perón, escrita por Tomás Eloy Martínez, cuando, de repente, se me cae la siguiente frase: "sí, lo que más me gusta es que me tiene estudiando constantemente, nombres, fechas."
Recuperemos la siguiente información: estoy de vacaciones y leyendo un libro que me tiene estudiando y éso me fascina. Punto.
Otra anécdota. Di comienzo a la preparación de finales poco más de un mes antes de las fechas. Mi casa, entre el calor y la desolación era un camposanto. ¿Tentaciones?: Mate, plaza, río, bar, peñas, televisión. Mil cosas. Sin embargo, no, firme como rulo de estatua, contra la incomprensión de muchos, a pesar de todo, seguí. Ventiladores en estéreo, toalla húmeda alrededor del cuello, persianas entornadas.
Pasión.
¿No se entiende? A ver... me gusta estudiar, sí. ¿Y qué? Me la paso leyendo en vez de estar haciendo macramé (que, por otro lado, qué tarea más baladí), porque me apasiona. No me gustan las medias tintas, no me conformo con el punto medio, detesto pasar raspando.
Digo, por qué me voy a hacer la "cool" que con un cuatro o un siete se queda satisfecha, si no es así. Nunca fui así, no soy así ahora tampoco. La diferencia con otros tantos es que no lloro si no me va bien, no culpo a la "mala suerte", me hago cargo y sigo intentando. ¿Por qué tanta historia?
(Supongo que las metáforas agrarias de la semilla y el cliché "no nací de un repollo" le van a este rollo como anillo al dedo.)
Ñoño/a es una palabra pelotuda y me molesta. Otra más de las etiquetas estériles que se suelen asignar. Yo, en cambio, en esa asignación me permito preguntarme qué espejo, o qué imagen, mejor, les está devolviendo el espejo a los que encasillan y clasifican para sentir la urgencia de alejarse con sorna.
Ñoño significa pusilánime, melindroso, quejumbroso; una persona sumamente apocada y de corto ingenio. Otro feliz ejemplo de las palabras que usamos sin saber bien qué significan. Nada, anecdótico. El hecho es que si hay algo que no soy es éso.
Lo mismo con la danza, lo mismo con la música y con el amor. Todo o nada es un objetivo que no me atasca, no me deja ciega. Es éso, un fin en sí mismo. Evadir o hacerme la distraída sería una torpeza, está en mi esencia buscar lo absoluto en cada cosa que me inflama, que me arrebata. Sin embargo, no me escandalizo si me quedo a mitad de camino, ya llegaré.
Supongo que el fin y comienzo de año nos pone a todos, en menor o mayor medida, algo reflexivos, yo celebro éso. Pasar la vida por el tamiz de la reflexión, claro, pero sin olvidar el torrente de sentimientos que nos atraviesan y que tienen tanto o más peso que nuestro entendimiento.

29 diciembre, 2011

estos días...

Me siento despojada de toda significación.
Vacía.
Etérea.
Insípida.
Tajante y sobradora.
No sé qué aguardo, pero estoy agazapada.

De rodillas frente al ceibo, estoy llorando, llorándote. Estoy empapando las palmas de mis manos con ensangrentadas lágrimas dolorosas, aceitosas, pesadas.
Atravieso mis pensamientos con una lanza desde la mesita del bar. Mientras la gente supone que contemplo la plaza, yo estoy a punto de desbarrancar, de tirarme al precipicio, de arrojarme despojada del silencio y de mí. Quiero estrellarme, que se me partan los huesos y se desparrame mi sangre, así dejo de llorar.

27 diciembre, 2011

¿Cómo puede "ser" peor algo que "está" mal?

No sé bien qué pensaste que yo era. No sé muy bien. Sin embargo tengo una vaga idea. Suponías, acaso, que sería tan timorata que me escondería tras el árbol de la esquina para verte pasar. Sospechabas que sería tan floja de ánimo como para tocarte el timbre y volver a dejarme seducir con tus apócrifas proposiciones de “unos mates nomás, piba”. ¡Pf! Como si no supiera que ahí nomacito ibas a poner la música que siempre escuchábamos, esa que nos enfilaba directo al disparate.

Te figurabas que volvería con la cola entre las patas. Creías que iba a pegar la ñata contra la mesa, obligándome a no contestar tus mensajes. Claro, porque tal vez yo no me había dado cuenta de la falsedad del “deseo que entre ustedes esté todo bien, me alegra, en serio…”. (Eso de recién fue una ironía). ¡Por favor! ¿Desde cuándo se me nota tanto la cara de aturdida? Y, en cualquier caso, ¿quién te dio permiso a burlarte de mi inteligencia (en tan repetidas oportunidades)?

Quizá imaginabas que vos eras, en verdad, ahora más férreo. Tal vez eran reales tus intenciones de no pasar el límite. Pero, ¿qué querés que te diga? Yo más bien pienso que nunca querías entender que yo me daba cuenta antes que vos de la fatalidad ineludible de que nos juntemos “a charlar”. ¡Vamos! Hasta mis tortugas se tapaban la boca para no reírse a carcajadas ante semejante sencilla –por ingenua- ocurrencia.

Habrá sido por eso que me alejé. Puede que haya ocurrido algo azaroso que me provocó alguna cierta revelación respecto de vos. ¿La famosa epifanía? En buena hora pude ponerme a salvo de tanta contaminación.

Uf, si me habrás costado lágrimas de arrepentimiento y de dolor y de reproche y de angustia. Si me habrá fascinado en su momento la idea del flagelo…

Hoy estoy segura de que hay caminos que se recorren una vez y no son circulares. Ya estuvo bien. Quiero decir, ya no deben volver a transitarse. ¿Culpa? Y sí, soy mujer en un mundo occidental, casi completamente cristiano, machista… ¿Cómo se evita la sensación eterna del yerro, del desliz, del fallo? No, no se puede vadear. Mejor me calzo la mochila como más soportablemente se puede, y a seguir marchando.

05 noviembre, 2011

sentires.

De aquietar las penas con el vuelo del pañuelo aprendí en estos meses. Me salvó la vida más de una contorsión. Me endulzó el amanecer cada uno de los cayos y las ampollas.
Bajé tres kilos y las rodillas ya no son un problema, más bien son mi soporte fiel. Mis talones y mi dedos de los pies están agradecidos del ritmo que les marca la música. Mis costillas se separan cada vez más, se oxigenan todos y cada uno de los espacios entre vértebra y vértebra de mi columna entera.
De amenizar los dolores me enseñó el estirar los brazos en ese buscar al otro cuerpo que también saluda y también carga penas y también busca liberarlas.
Giros, y giros, y más giros han tirado por la borda años de nudos, de nervios y de rollos.
Me siento liberada. Liberada de las idioteces de la rutina y de los malhumores sinsentido y de las vergüenzas que me ataban. Estoy fresca y con ganas de todo, la mayor cantidad del tiempo del día, de la semana, del mes. Y, como si fuera poco, jamás me había percibido tan conforme con mi cuerpo, con mi hábitat en el mundo, este templo que ahora cuido y respeto y escucho y dejo ser. Crecí, para afuera con ramas larguísimas, y para adentro con unas raíces que me aferraron aún más a lo que yo soy, que no es ni parecido a aquello que alguna vez creí ser.
Hoy me muevo, no puedo evitar moverme, me reaccionan todas y cada una de mis terminaciones nerviosas al son de cualquier musiquita que ande sonando... y me siento poseedora de una flor, de un árbol que crece dentro de mí y con todos.

20 octubre, 2011

Luna Verdad

De verte bailar a verme bailando. De verte con laureles entre las trenzas a verme deshojándote en olvido. De verte todos los días a ya no verte nunca. Me gustaría contarte... tantas cosas. Pero sobre todo que me vuelvo a sentir conectada con vos.
Ahora yo también bailo. Ahora entiendo esos pies machucados, esas uñas que sangraban y esos cayos. Yo también los tengo. Los moretones de las rodillas de los cuales me horrorizaba y sobre los cuales te aconsejaba que tuvieras cuidado. En este momento los cargo con el mayor orgullo. Ahora cargo con los mismos músculos y mis rótulas ya no me duelen. Ahora la música me eleva y me sale por todo el cuerpo, no sólo por la garganta. Recién en este momento de mi vida entiendo el placer de que mis poros inspiren melodías y expulsen brujerías.
Bailando olvidé cosas. Bailando recordé cosas y me inventé otras tantas, ¿quién sabe? Total, nadie se da cuenta y yo me divierto y me protejo. Al bailar te pienso siempre, aunque vos no lo percibas. Me transformo en tu cuerpo y entiendo muchas de tus expresiones, muchos de tus momentos de catarsis.
Cómo me gustaría compartir con vos todo este sendero de descubrimientos, brillantina. Cómo me gustaría levantar el tubo y escuchar esa voz del otro lado, a esa bruja, a esa luna que me hacía reír y me levantaba el ánimo, que me envalentonaba y me retaba y me felicitaba. Esa cara de fila de dos horas de fotocopias del centro de estudiantes.
Si me dejaras que te cuente algunas cosas, si te dejaras contarme las tuyas... ¿vos creés que podríamos rearmar algunos castillos así más no sean en al aire... así más no sean unas piruetas en la arena o en telar?
Me gustaría enseñarte lo que bailo. Entiendo que nos podríamos volver a mirar en espejo. Entiendo que podríamos entrever aquello que no supimos.
Propongo que nos tomemos de cada punta de este pañuelo y me acompañes el sábado a bailar unas zambas sanadoras, conquistadoras, amigadas con los nudos y desajustes de la vida. Creo que te voy a llevar conmigo, aunque tampoco lo percibas esta vez.

20 septiembre, 2011

después de todo el tiempo...

Me concreto en tus pestañas. Soy un pájaro en tus uñas y una flor que desciende por tus piernas.
El viento ahorra energías, me acaricia y me reserva.
Lejos están los días en que el pecho se me retorcía y se estremecía en voces ajenas. Hoy vuelobailo. Hoy nadie me empuja más que mi voz y mis pies. La de adentro, la que nace, o renace o revive.
Me concreto, también en tus cejas enarcadas. De asombro, mi belleza te abruma... y yo me pregunto ¿qué belleza ves? (encomiendo a mis hadas que jamás te quiten esa forma de mirarme).
Se me han ensanchado los pulmones y ya no me angustio por no conformarme. Porque volamosbailamos juntos.

22 julio, 2011

¿Por qué me das tu vientre y todos tus años?

El hombro de frente y la mitad de tu pecho sosteniendo, resguardando, acompañando mi espalda toda mientras nos deslizamos por el salón. Nos corremos, nos perseguimos, nos evitamos, nos chocamos. Te miro por encima de mí hombro, y sí, estás ahí, repasándome vos también. Me da miedo, y sí, me da miedo.
Por la pasión y el encuentro, damos tres pasos, cuatro, dos. Yo practico, vos me mirás crecer. Yo me siento estirar ramas por cada dedo. Aumento los músculos para abrazarte más fuerte y que no te me vayas. Prospero alas en mi espalda para hacerle cosquillas a tu cuello cuando venís bailando detrás.
El regreso. La fuga. La soledad nuevamente. Los sueños. Mi identidad en cada vuelo de pañuelo. Mi sello en cada pierna que cruza la otra (que nunca es la tuya, porque te me escurris entre las hileras de gente).

"Llorando está el pañuelo que agita la zamba".